HISTORIAS DE BANDIDOS...
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CABRONES!, HIJOS DE PUTA!

Con estas palabras, se volvió Matías Sobrón, hacia Francia, cuando cruzo la frontera de Irún, como refugiado de la Cruz Roja en 1937.

En una de las catas, que regularmente hacemos, con el fin de conocer más los vinos, que pretendemos vender. Con los vapores del vino ya en nuestra cabeza, que nos hace recordar historias pasadas,  más o menos divertidas. Vino a mi, la historia de un famoso bandolero de la zona de la provincia de Burgos de donde es originaria mi familia. Además en algunas anécdotas del personaje participo mi familia.

En las tardes y noches de invierno, que pasaba con mi madre, ya en los últimos años de su vida. Ella iba desgranando historias antiguas. Y me daba cuenta, que era como un pequeño libro de historia local  y nacional.

Volvamos a la historia original.

Resulta, que  durante la guerra, llego al pueblo de Pancorbo (Burgos), Matías Sobrón, como refugiado.  Este señor, había sido en tiempos jóvenes (finales del siglo XIX), bandolero, y no precisamente con el fin de robar a los ricos y regalar a los pobres. El caso más conocido, fue cuando se presentaron en casa de unos ancianos indianos, disfrazados de guardias civiles. Y torturaron (permitirme que no mencione el método) a los señores con el fin de sacarles, donde escondían  las monedas de oro. Y parece ser que lo consiguieron. Después la historia sigue con una traición entre los componentes de la banda. Y por supuesto, que dicho personaje, se quedo con el tesoro. Y que más tarde fue detenido mientras jugaba a la pelota en el frontón de Pancorbo.

Cuando la guardia civil, fue a detenerle dijo: ”quien no la hace, no la teme”.

Según mi madre, si la temió.  Pues fue condenado a pena de cárcel. Paso unos años en ella, en los cuales, se hizo un autentico jefe del patio. Incluso llego a matar a otro preso, por aquello de que los dos pretendían ser el jefe.  “Julio, era él o yo, y gane yo”.  Le conto a mi abuelo.

Salió de la cárcel, y como el que “guarda siempre tiene”.  Vivió de las rentas el resto de su vida. Incluso se caso, “con la mujer más guapa de Burgos”. Y su hija, también hizo un buen matrimonio con un medico famoso en Madrid.

Y en esas estamos, cuando el ex bandolero Matías, está pasando una temporada en casa de su hija en Madrid, y estalla la Guerra Civil. Él gracias a la Cruz Roja, logra ser evacuado a Francia y desde allí, repatriado a la España “nacional” y a su pueblo natal Pancorbo.

Los días en el pueblo, pasaban sin más, no había trabajo. El buen Matías, paseaba con mi abuelo, y le contaba cosas de la cárcel, como el suceso de “era él o yo”. Y también como cuando paso a España, desde Francia, se conoce que los franceses no le habían  tratado como él quería.

“Cuando, pase a España, por Irun,  y vi la bandera española, me hinque de rodillas, bese la tierra española, y volviéndome hacia Francia dije: ¡CABRONES, HIJOS DE PUTA!”

Se conoce que aquel hombre en un momento de su vida, había sido un autentico trueno, que no temía a nada ni a nadie. Se sintió desvalido en país extraño, y grito con su vozarrón.

¡CABRONES, HIJOS DE PUTA!


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